Publicidad:
Terra
La Coctelera

Síntomas de la estupidez

Síntomas de la estupidez
martes, 01 agosto 2006
Rafael Marrón González

Me la paso diciéndoles a mis oyentes, amigo o enemigos, porque carezco de los indiferentes, que la ignorancia es curable, si se le diagnostica a tiempo, con una dosis masiva de conocimientos e información actualizada, pero que si se descuida hace metástasis en estupidez, y ésta es incurable y fatal. Cuando bajo el efecto de la ignorancia se toman decisiones o simplemente se opina lo más seguro es que se desacertará, pero bajo los efectos de la estupidez el desacierto devastará a la sociedad, incluyendo al estúpido y a su generación. El pueblo está consciente de ello en la mayoría de los casos, pero cuando se trata de política o de brujería, aparta la recomendación y se despeña por estar siguiendo espejismos o cantos de sirena de desaprensivos serenateros o por hartarse de agua de sapo para el estreñimiento. Por ello hay que tomar precauciones y comprobar de vez en cuando la tensión de la ignorancia para evitar que se salga del rango tolerable y pase sigilosamente hacia la estupidez. Que es un enemigo mortal silencioso. Por eso hay que aprender a detectar sus síntomas más singulares. Y no se piense que la estupidez es patrimonio de algún grupo humano en particular, ni eminentes filósofos de cátedra en el aire, han escapado a sus embestidas, algunas de ellas con consecuencias graves para terceros. Repetir que el hombre es un animal racional, es decir, un mato de agua que piensa, por no admitir que la humanidad es otro reino de la naturaleza, diferente al vegetal, animal y mineral, es un ejemplo de cómo la ignorancia pasa a estupidez por la acriticidad derivada de la admiración. Por eso la necesidad de precaución y revisión constante de la ignorancia. No vaya usted a confundir lo relativo con la teoría de la relatividad. Y lo discuta. Pero, cuidado, el estúpido es sumamente peligroso, más peligroso que un malandro, porque es absolutamente impredecible y carece de sentido de conservación moral, en su enorme torpeza no importa cuánto daño se inflige con tal de infligir daño. Como por ejemplo, el caso del desaprensivo que envió sicarios a sabotear la electricidad de Correo del Caroní para impedir que saliera la edición aniversaria, sin prevenir que como consecuencia de la vileza quedaría ante el mundo como un delincuente. Qué raya.

La estupidez es una especie de toro ciego que embiste contra la oscuridad
La conciencia de la propia ignorancia, definida como no saber, siempre es cautelosa, actúa como quien debe cruzar un río de aguas oscuras por primera vez. Tantea, antes de dar un paso. Prefiere escuchar antes de hablar. Y cuando debe opinar lo hace exclusivamente sobre las áreas que domina. El afán de conocimientos de la ignorancia diagnosticada, exógena o endógenamente, es soberbio. Todo lo escudriña y sobre todo indaga. Necesita saber desesperadamente, el porqué, el cómo, cuándo y dónde de todo lo que le rodea. La ignorancia bien diagnosticada conduce a la sabiduría porque digiere intelectualmente aquello que la afecta y lo traduce a lenguaje filosófico comprensible para sí y para su entorno. Pero la ignorancia atrevida, si se la deja crecer, si logra galardones sociales, si se le permite poder político o accede a la riqueza por herencia o comprando barato y vendiendo caro, y si cae en manos de la adulancia, es verdaderamente insoportable y sumamente peligrosa, porque se jura saber rumbo y destino, y si constituye mayoría la usa para imponer sus limitaciones y malos gustos. No escucha porque no entiende. No acepta ideas porque no las logra asimilar. Su cerebro, en rigor mortis, sólo emite quejidos flatulentos. Y sin percibirlo, en plácido transcurso, bajo la limpidez de su megalomanía inconsciente se torna estupidez. Se debe recordar que la estupidez no impide el uso de las facultades motoras ni el habla, y tampoco la capacidad memorística, lo que le permite hasta adquirir grados universitarios con honores, vomitando lorificadamente páginas enteras de información cruda, que jamás permearán la dura corteza que recubre su entendimiento. Aprende a defenderse por proyección achacando a los demás las falencias que la distinguen. Un ejemplo de estupidez consolidada lo constituye el dogmatismo político que pretende ser poseedor de la verdad y acusa al pluralismo de practicar el pensamiento único que los distingue a ellos.

Estupidez o disonancia cognoscitiva
La estupidez puede llamarse también disonancia cognoscitiva o “efecto chacumbele”, por lo de “él mismito se mató”, afecta a ciertos sujetos que por presión de grupo, histeria política, o simplemente moda, apoyan, por resentimiento, por perjudicar a otros ante quienes se sienten inferiores, medidas que los perjudican como individuos y como grupo social. Es el caso, por ejemplo, de obreros, sindicalistas y periodistas que apoyan y publicitan sistemas militaristas totalitarios que históricamente han conculcado derechos laborales, prohibido el sindicalismo independiente y censurado la libertad de expresión. Estos sujetos suelen vivir para el arrepentimiento que es la consecuencia genérica de la estupidez. Seres confundidos dominados por el inmediatismo incapaces de prever la amenaza implícita en todo sistema de gobierno que obvie el mérito y estimule la incondicionalidad.

Síntoma Nº 1: la búsqueda del “salvador”
Se le llama en ámbitos académicos “locus de control externo”, y consiste en buscar el desarrollo en Dios, el azar o el gobierno, obviando y hasta negando la singular importancia del esfuerzo y del talento individual para el logro del progreso deseado. Son sujetos mediocres que pasan la vida buscando un salvador y achacándoles las culpas de su fracaso a su origen, raza o vecinos. Suelen volcarse en masa hacia quien les ofrezca la posibilidad de vivir sin trabajar ni estudiar y siendo irresponsables. Y si consiguen un gobierno que les dé, que les llene el cuenco de las manos de limosnas parasitarias, son los sujetos más felices de la tierra. Pero también los tenemos en gente que jurábamos, por su estatus profesional y social, que poseían locus de control interno, pero que en la actualidad política anda desesperadamente buscando un salvador, golpe de estado, invasión extranjera o guerra civil, que les cambie el gobierno sin tener que votar y salir a la calle a defender su voto. Y si el salvador tiene verruga y dice groserías, mejor.

Síntoma Nº 2: la subestimación
“No existe enemigo pequeño” es la máxima de la lucidez, pero los estúpidos, ah, los estúpidos, viven llevándose chascos formidables como el de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial que despreciando el poder de respuesta de los gringos, los atacaron por sorpresa despertando un gigante que los devastó pegándoles una bomba atómica por la cabeza. Así, a diario nos encontramos con individuos prepotentes que subestiman a todo quien se les cruza en el camino. Carentes de sentido crítico, solamente respetan lo que les infunde miedo físico por la apariencia, suelen ser la sopa de los flacuchentos karatecas. Cuando ejercen el poder son hipersensibles a la crítica y sus destempladas respuestas les generan enemigos formidables que les propinan derrotas humillantes.

Síntoma Nº 3: la codicia
El codicioso es el estúpido en grado superlativo. El propio mega estúpido. Atacado por una sed incontrolable de poder, hasta el delito le sirve. Todos los llamados “ladrones de cuello blanco” son estúpidos por la codicia. La palabra “demasiado” no existe en su diccionario. Y menos “moderación”. Lo suyo es más y más. Hasta reventar o ser encarcelado. Y como la sociedad se ha desmoralizado, pasean impúdicamente su decadente humanidad como si de gente decente se tratara.

Síntoma Nº 4: el abuso
El abusador es un estúpido despreciable. Inconsciente del respeto debido al derecho de los demás y de los límites civilizados de la libertad. Por pensar que es el centro del universo, el abusador viola hasta las normas más elementales de la convivialidad. Maltrata a su pareja, patea a sus hijos, molesta a sus vecinos con los decibeles de su equipo de sonido, no paga sus deudas, se salta las colas, soborna para tener preferencias, viola las disposiciones del tráfico, se desplaza a alta velocidad por calles y avenidas de circulación masiva, les lanza el vehículo a los peatones. Y como es un irresponsable, irrespetuoso del derecho ajeno, viola las leyes manteniéndose siempre con un pie en la cárcel, una de sus características es comprar artículos provenientes del delito, entre múltiples acciones despreciables. Pero también es inculto, malagradecido y traidor. Si el mundo le da poder, el abusador depredará los derechos de la humanidad.

Síntoma Nº 5: la emocionalidad
La emocionalidad, definida como imposición de las emociones sobre la razón, genera siempre decisiones autodestructivas. Es el caso de “creer” que debería ser la más responsable de las decisiones, obedientes a un detenido y exhaustivo análisis del asunto a ser creído. Pero el estúpido cree con la boca abierta a cualquier desaprensivo que le diga lo que él quiere oír. La emocionalidad suele llevar a intrascendentes funcionarios públicos a sentirse impunes, libres de culpa hagan lo que hagan. Cuando se encuentran en la cárcel, estupefactos, lloran. El estúpido jura que la incondicionalidad lacaya con los poderosos lo salvará de pagar sus deudas con la sociedad, porque no entiende de la temporalidad del poder ni de la realidad del interés propio.

Leyes de la estupidez según el historiador italiano Carlo M. Cipolla

Primera Ley Fundamental: siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación (personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas; día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos). Segunda: la probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona (no todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión). Tercera (definición): una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas (son cuatro los tipos humanos: desgraciado (ingenuo, desafortunado): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás. Inteligente: aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás. Bandido (malandro): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás. Y estúpido). Cuarta: las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas (uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados. A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque: a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error). Quinta: la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe (Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos (malandros) perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece).

El profesor Carlo M. Cipolla afirma que el coeficiente “estúpido” ? es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos. Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a ?; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción ? conduce al país a la ruina.

El Alma del Periodismo

EL ALMA DEL PERIODISMO
Rafael Marrón González

“Ante un Estado desertor, el primer sustituto social es la prensa”. Fabio Ladetto
La polémica desatada por mi texto “Periodismo objetivo: Cómplice de tiranos”, y el uso bastardo que le dio la miseria moral, ya de salida de la vida por la puerta del deshonor, para atacar al editor de Correo del Caroní, y la sensación de haber dado una fuerte patada a hipócritas tradiciones gremiales que impiden desenmascarar a despreciables palangristas, a sempiternos vividores del oficio de adulante que han pasado toda su vida columpiándose de gobierno en gobierno, como falderos de poderosos intereses políticos, y a medios inescrupulosos creados artificialmente, sin el menos compromiso con la sociedad, para servir de plataforma propagandística al gobierno de turno, lo que les reditúa fortunas descomunales, me llevó a reflexionar sobre el espíritu filosófico de esta noble profesión orgánica del cuerpo social, por el bien de las jóvenes promociones, para contribuir a impedir que se vean contaminados por ejemplos nefastos para su dignidad profesional. Quizá estemos entrando en barrena en un limbo autocrático que impondrá las reglas de juego en la vida nacional según sus intereses políticos. Allí veremos sobrevivir como peces en el agua a todo tipo de lacras inmorales ejerciendo el periodismo de burdel. El periodismo comprometido, el que asume su posición de contrapoder, tendrá que apelar a sus más profundas reservas éticas para soportar sin quebrarse los duros días que le tocará sufrir. Espero equivocarme. Pero considero que es el momento de asumir posiciones viriles frente a tanta podredumbre que escudada detrás del término “revolución” pretende imponer sus falencias éticas como normas ontológicas. Por eso he tratado de explicarles a los jóvenes periodistas y estudiantes de periodismo, que su carrera no es una “consagración académica, sino una concreción profesional”, para usar una frase feliz de Ángel Osorio y Gallardo, cuya fuente es la realidad tal como es, directamente vivida, en particular en la vida social y en el desarrollo de la historia. Por lo que al ponerse al servicio de los intereses del gobierno se corrompe, y corromperlo es el intento permanente del gobierno para que la sociedad no descubras sus pústulas. Por ello, sólo quien tenga la conciencia inteligente necesaria para, a través de la ética, fortalecer su espíritu, lo que le permitirá, por encima de cualquier tentación subalterna, indignarse con la injusticia, la indiferencia y la corrupción, será periodista. Siento pena por algunas juveniles individualidades, de escasa experiencia en el ramo, que se suman a las directrices de sus patrones gobierneros y sirven de arietes contra quienes defienden a la sociedad. El tiempo, quizá los encauzará debidamente, sino serán, desgraciadamente, la inconsciente generación de relevo del palangrismo. Y quizá jamás entiendan que el periodismo es una profesión de medios, no de resultados.
El Alma del Periodismo: Ética
(“La ética debe acompañar al periodista como el zumbido al moscardón”. Gabriel García Márquez). Asumo a la ética como el compromiso del individuo con la sociedad, y a la justicia como el compromiso de la sociedad con el individuo. Pero ese compromiso del individuo con la sociedad en el periodista es su deber ser e incluye la honestidad intelectual que pasa indefectiblemente por la actualización intelectual. Basado en la ética como compromiso del individuo con la sociedad es necesario fundir al individuo con el periodista por la introyección del paradigma del progreso por el desarrollo del sujeto que integra la sociedad, esa fusión es un deber ontológico. No es posible un periodista que, por intereses sujetivos, partiditas, económicos o políticos, engañe a la sociedad, o se preste para engañarla bajo supuestos revolucionarios, como no puede admitirse que un periodista, en el ejercicio de sus funciones profesionales, conocedor de la historia política de la humanidad y en posesión de evidencias irrefutables sobre lo criminal de los gobiernos totalitarios y militaristas, sirva de órgano de difusión de ellos, en un estúpido ejercicio de disonancia cognoscitiva. Tampoco es ético un periodista desactualizado en una tribuna pública, porque confunde y deriva mensajes obsoletos, en detrimento de su credibilidad, único capital sustantivo de un periodista. Y bajo la definición de ética como compromiso del individuo con la sociedad, es que debe asumirse el periodismo como contrapoder. Por lo tanto el periodista informa y debe opinar sobre la información para generar opinión pública.
Democracia
La democracia es un pacto político para evitar la tiranía, de allí que el periodismo, hasta por elemental sentido de supervivencia, debe ser un defensor de la democracia porque el Estado de Derechos es el único escenario posible para su ejercicio. De allí que sea el periodista un importante componente para la perfectibilidad del sistema de libertades que englobamos bajo la definición de democracia, es decir que es su deber ser un activista de la filosofía política, un político no partidista, porque al partidizarse deja de ser periodista.
Sencillez
El principal enemigo del periodista es el vedetismo. Un periodista que se crea noticia o actor de la noticia pierde todo cuanto pueda definirlo ante la sociedad, y suele caer fácilmente en las trampas del poder. Practicar la humildad, como capacidad de nivelarse con el interlocutor, es una virtud redituable. Y dentro de esta sencillez profesional el lenguaje no debe reflejar distancia ni asepsia quirúrgica, el lector debe sentir que el periodista también ha sido afectado por la noticia, y que le transmite esa sensación de intimidad con un lenguaje humano.
Pasión suicida por la verdad
La verdad es científica. Y en su enunciado filosófico es “ausencia de contradicciones”. Y es la realidad la que impone su sello de certificación a la verdad, no los boletines oficiales, por ello es la realidad el escenario de confrontación cotidiana donde el periodismo se ejerce y de donde emerge la verdad. No de los despachos oficiales ni de sus salas situacionales, excelente nombre para sustituir el eufemismo “oficina de prensa”, dedicadas a elaborar la publicidad del gobierno.
Espíritu de justicia
Este valor, que también llamamos equidad, y que incluye la sensibilidad, se sustenta en el sentimiento de lo que consideramos que es justo o injusto como conforme a lo que exige la justicia ideal. El periodista no es abogado ni juez. Para su percepción la justicia tiene en cuenta más el espíritu que la letra de la ley, y que puede pronunciarse a veces contra ésta última si viola el derecho natural o un derecho constitucional o si simplemente es injusta, o, según Aristóteles, “corregir la ley en la medida en que se muestra insuficiente, dado su carácter general”.
Capacidad de renuncia o fuerza interior
Si por perversiones de un momento político determinado, el compromiso de un periodista con la sociedad lo condena a la pobreza, éste debe estar dispuesto a correr ese riesgo. Su fuerza interior debe ser tal que no pueda ser doblegado por las amenazas del poder, ni represivas ni económicas. Y no hay nada que produzca más fuerza interior que la convicción de estar haciendo lo correcto. Y para estar seguro de estar haciendo lo correcto simplemente se analiza si se está dentro de los parámetros de los principios. Dentro de los principios de honestidad, verdad y libertad, todo, fuera de ellos nada.
Responsabilidad
Es la responsabilidad, en sinonimia con la honestidad, como bastión de la credibilidad del periodista, valor sustantivo de su ejercicio profesional, lo que derivará en la veracidad razonable de la información o noticia transmitida, aunque pueda estar equivocado, ya que lo verídico corresponde dilucidarlo a otras instancias y no al periodismo.
Preguntar, dudar, investigar
La única respuesta a la intención totalitaria del pensamiento único y la verdad oficial es el periodismo comprometido que pregunta, duda e investiga. Un periodista conformista que no profundice ni indague ni sospeche es un cómplice de las mentiras o medias verdades del oficialismo y por lo tanto un traidor a la sociedad. Así como la lectura debe ser hipertextual, porque cada dato de un libro nos lleva a una investigación que nos remite a otros libros, así debe serlo el periodismo comprometido. Preguntar, dudar e investigar es el mandato del periodismo.
Cultura
Adiestrar sus sentidos hacia la percepción decantada de la calidad del hacer humano es un deber de todo periodista. Un profesional inculto es fácil presa de la estridencia de lo falso.
Eficacia
Por la misma dinámica efímera de la noticia, el periodista debe ser eficaz, es decir operar de manera efectiva. No confundir con eficiente. Que la información o la noticia cumplan con su función de generar una reacción en la sociedad. El tratamiento banal de las noticias produce un letargo en las reacciones hasta hacerse “normal” lo que debería alarmar.
Recuadro
La posición de la prensa independiente en Venezuela
No comparto la crítica que muchos hacen al ejercicio del periodismo en Venezuela durante estos casi ocho años de crisis política. Al contrario, comparto plenamente la posición política asumida ante el enorme vacío dejado por los partidos políticos que salieron en estampida ante la inusual agresión de los prepolíticos militaristas que insurgieron en su escenario, pero además la prensa debió servir de freno a la destrucción de la formalidad institucional de la república. Gracias a la prensa independiente y a los periodistas comprometidos con la democracia y con la sociedad, todavía mantenemos algunos derechos y algunos espacios para la disidencia, en este camino hacia el totalitarismo que ha emprendido la revolución chavista.
Recuadro
¿Hasta dónde la libertad de expresión?
Hasta donde el periodista quiera o pueda ejercerla sin más consecuencias que las establecidas en la constitución. En el caso de la política, el periodista tiene el deber ético de informar al público de las características de quienes pretendan ejercer la autoridad. Y también es su responsabilidad ineludible vigilar la actuación administrativa de quienes ejercen la función pública y denunciar oportunamente las desviaciones y abusos de poder, así como las violaciones a los derechos humanos cometidos por el poder. Y allí la libertad de expresión es ilimitada. Los gobiernos de tendencia totalitaria, aunque se cobijen en la democracia, propenden a imponer leyes de “desacato” que en Venezuela se llaman de “vilipendio” para proteger a los funcionarios públicos, violando la igualdad establecida en la constitución, aunque estos sean corruptos. Por otra parte, es un crimen de lesa sociedad que un periodista descubra las inclinaciones pervertidas de un sujeto que pretenda ser alcalde o gobernador o presidente y no las revele a tiempo. El pervertido podrá demandar al periodista y ese es el único riesgo que debería amenazar a éste, pero aquel no será autoridad. La autocensura por diversas razones, entre ellas la cobardía, limita más la libertad de expresión que las leyes. En la actualidad en Venezuela una serie de sentencias judiciales, como la que recientemente señala responsabilidad pecuniaria a los dueños del medio sobre lo que escriben los periodistas, Y, como lo manifestara la SIP, “una persecución especial a las voces independientes, agravado con penas mayores contra delitos a través de la prensa como quedó plasmado en al última reforma del Código Penal, así como, por la falta de independencia del Poder Judicial”, sin contar con las presiones económicas al dirigir las pautas publicitarias oficiales exclusivamente a medios obsecuentes, buscan sibilinamente crear un clima de autocensura para favorecer los intereses políticos del gobierno.